Historias de Resiliencia

Un conjunto de historias que se entrelazan, y muestran la fuerza y capacidad de adaptación de organizaciones de pueblos indígenas y comunidades locales durante la pandemia del COVID-19

La pandemia por COVID-19 alteró de forma irreversible la vida humana, con implicaciones sociales y económicas nunca antes vistas. En medio de la emergencia global, los pueblos indígenas y las comunidades locales de los bosques no solo sobrevivieron, sino que se adaptaron y crecieron a partir de las dificultades. Sus inspiradoras historias iluminan uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente.

Costa Rica

El rescate de las semillas y el retorno a la tierra

En los territorios indígenas Bribri y Cabécar de Costa Rica las mujeres iniciaron un movimiento para garantizar la calidad de los alimentos para cientos de familias

Indonesia

Organización comunitaria y solidaridad frente a la adversidad

La solidaridad, unidad y organización comunitarias permitieron proteger a millones de personas durante la pandemia en Indonesia, el país insular más grande del mundo

Brasil

Manteniendo la fuerza ancestral en medio de una pandemia

Alimentados por el fuego de la ancestralidad y la espiritualidad, los pueblos indígenas de Brasil resistieron la pandemia en sus propios términos, firmes en la lucha por la defensa de los derechos y la protección ambiental

Ecuador

Reviviendo el conocimiento ancestral

Cuando el COVID-19 llegó a la selva amazónica de Ecuador las comunidades retomaron sus saberes ancestrales, reviviendo la llama de la medicina tradicional con su profundo conocimiento de las plantas y el mundo natural

Historias de Resiliencia es una colaboración entre la Alianza Global de Comunidades Territoriales y TINTA (The Invisible Thread) para impulsar el cambio global a través de la divulgación de las prácticas de las comunidades indígenas y locales que han abordado con éxito el COVID-19.

TINTA (The Invisible Thread) es una plataforma mundial de facilitación para fortalecer las organizaciones de las comunidades indígenas, locales y las que están en primera línea.

Costa Rica

El rescate de las semillas y el retorno a la tierra

Cuando inició la pandemia de COVID-19, los pueblos Bribri y Cabécar dependían de la venta de plátano y banano para su subsistencia. El cierre de vías y el alto forzado a las actividades económicas generaron una emergencia para proveer de manera solidaria la alimentación de cientos de familias en las comunidades de Talamanca, el cantón con la mayor población indígena de Costa Rica. Sin embargo, el caos inicial dió paso a un renacimiento de los métodos de siembra tradicionales y el regreso a una dieta nutritiva, orgánica y ancestral. The road closures and the halt in economic activity generated an urgent need to provide food in solidarity with hundreds of families in the Talamanca communities, a local area with the largest Indigenous population in Costa Rica. However, the initial chaos gave way to a revival of traditional sowing methods and a return to a nutritious, organic, and ancestral diet.

Es importante para nosotras como mujeres seguir liderando el tema de producción, el tema de la seguridad alimentaria, que es para nosotras la parte más sensible y más fuerte, porque es el alimento de nuestra familia

Maricela Fernández, lideresa del pueblo Cabécar y presidenta de la Asociación de Mujeres Kábata Könana compartiendo en una de las comunidades que forman parte de la red de mujeres de la asociación.

El respeto por las costumbres y prácticas ancestrales ha reavivado el interés en las comunidades por la siembra autosuficiente y orgánica, y le ha permitido a las mujeres recuperar los cultivos que sus antepasados crecían en las montañas, usando el conocimiento aprendido de las y los mayores, para producir alimentos frescos y abundantes.

Protectoras del bosque y la montaña

Dos semanas después del inicio oficial de la pandemia en 2020, la Asociación de Desarrollo Integral del Territorio Indígena Talamanca Cabécar (ADITICA) organizó una reunión para atender la emergencia sanitaria y delegar responsabilidades a las organizaciones comunitarias que la integran. Fue así como la Asociación de Mujeres Kábata Könana, que en Cabécar significa Protectoras del Bosque y la Montaña, tuvo a su cargo el desarrollo de un eje cultural productivo enfocado en la seguridad alimentaria.

El grupo de mujeres realizó un diagnóstico de las necesidades de las comunidades en lo profundo del bosque. Este diagnóstico reveló que la siembra de alimentos había sido dejada de lado porque la venta de algunos productos suplía las necesidades económicas. Maricela Fernández, lideresa del Pueblo Cabécar, cuenta que «estábamos enfocadas en las ventas de plátano y banano, entonces nos interesaba más vender plátano y banano que sembrar granos básicos, sembrar tubérculos, sembrar plantas medicinales y diversificar las parcelas».

El diagnóstico que realizaron las mujeres de la Asociación Kábata Könana requirió visitar más de 110 familias en comunidades esparcidas en grandes distancias de bosque tropical, valles y montañas, donde en ocasiones es necesario navegar los amplios ríos de la zona para llegar a las aldeas.

Poco a poco se hizo un inventario de lo que cada mujer tenía sembrado en su parcela: arroz, frijoles, maíz, yuca, cacao, chile, frutas, plantas medicinales, entre muchos más. Con este inventario como base, fue posible definir quienes necesitaban semillas para reiniciar el cultivo de los productos en sus terrenos. De esta forma se comenzó un proceso para retomar la dieta milenaria, saludable y autosuficiente de la que los Pueblos Bribri y Cabécar han dependido por siglos.

Entonces se empezó a trabajar todo lo que es agricultura tradicional, sin químicos. Que todos trabajemos orgánicamente y rescatemos semillas nativas que sean resistentes al cambio climático, y eso es lo que hemos estado haciendo

La necesidad de diversificar los cultivos y preservar las semillas llevó a la Asociación Kábata Könana a crear sistemas para intercambiar semillas y productos entre las mujeres comunitarias. Por medio de la organización de ferias o mercados mensuales, en los que se reúnen para vender la sobreproducción de sus productos o intercambiarlos por otros con sus compañeras, las mujeres fueron capaces de comercializar sus productos y abastecer la comunidad.

La dieta Bribri y Cabécar incluye una gran variedad de tubérculos, granos, hortalizas y frutas.

Tejiendo redes comunitarias

El proyecto de Kábata Könana comenzó a generar resultados en las comunidades del Territorio indígena de Talamanca. Dado, sin embargo, que las necesidades eran las mismas en otros territorios, la Red Indígena Bribri y Cabécar (RIBCA) apoyó también el intercambio de conocimientos entre seis organizaciones de mujeres, para reproducir las ferias y los intercambios de semillas en otras comunidades.

Alondra Cerdas es dirigente comunitaria del Territorio Indígena Tayní y presidenta de la Asociación de Mujeres Ditsä Wä Kjänana, que en idioma Cabécar significa Mujeres Protectores de la Semilla. Su organización es una de las que han replicado las ferias y el intercambio de semillas iniciados en el Territorio de Talamanca Cabécar.

Alondra recuerda cómo al inicio de la pandemia se cerraron los mercados y se suspendieron los programas del Ministerio de Educación para la alimentación de niños y adolescentes en las escuelas y colegios del país. Los programas de comedores escolares suplían en gran medida la alimentación de los niños y niñas, pero al cerrar, las familias comenzaron a necesitar más alimentos, en un momento en el que el precio de los productos comenzaba a elevarse.

En este contexto las mujeres del Territorio Tayní decidieron atender la fuerte necesidad de retomar la agricultura tradicional, en la que las verduras, las frutas, las hortalizas y los tubérculos son producidos en forma orgánica, es decir, libres de agroquímicos y crecen en parcelas diversas, aportando mejores nutrientes a la dieta familiar.

Alondra considera el primer año de la pandemia como un tiempo atemorizante para su comunidad y los territorios en general. Ella trabaja como asistente en atención a la población indígena en la institución nacional de salud que atendió el primer caso de COVID-19 del Territorio indígena Tayní.

Llegamos a la conclusión que una sana alimentación es lo que nos ayudaría a protegernos contra cualquier virus, contra cualquier enfermedad, o sea, tener defensas más altas para contrarrestar estas enfermedades. Nuestros productos son meramente orgánicos, si los sabemos trabajar, si los sabemos sembrar, y aportan una gran cantidad de vitaminas, calcio y hierro a nuestro sistema inmunológico

La vuelta a la agricultura tradicional mejoró la calidad de vida en los territorios, y significó también una actividad económica capaz de generar ingresos por la venta de la sobreproducción en las parcelas de las mujeres productoras.

Además de alimentos, las mujeres venden todo tipo de productos del bosque, cestería y artesanías durante las ferias y mercados que se organizan mensualmente

Varias organizaciones de mujeres se reúnen en Gavilán Canta, sede de la Asociación Kábata Könana, donde se coordina el transporte de las productoras y sus cosechas desde las comunidades, internadas kilómetros adentro en las montañas. Las instalaciones son propiedad de la asociación y las mujeres son copropietarias de la finca en la que han construido una oficina acondicionada con paneles solares, acceso a internet, un área para dormir y una cocina equipada.

Cerca de la oficina las mujeres han construido además una casa circular, de acuerdo con la arquitectura, cosmovisión y costumbres del pueblo Cabécar, utilizando como materias primas madera, mecate y palmas del bosque. En esta casa circular se realizan actividades culturales, reuniones y todo tipo de eventos comunitarios. En diferentes parcelas esparcidas en la finca, las mujeres cuidan además semilleros dispuestos de acuerdo con la ingeniería ancestral del pueblo Cabécar, que es circular al igual que sus construcciones.

Organizar a las mujeres de las comunidades para producir todos los alimentos constituyó un trabajo fuerte que continúa hasta ahora, generando beneficios para cientos de familias, con decenas de mujeres activamente involucradas en la organización de ferias e intercambios de semillas.

El conocimiento tradicional es la esencia de un pueblo, de un territorio indígena. El conocimiento es la fuerza de un pueblo, porque tiene conexión con la Madre Tierra, tiene conexión con el bosque, conexión con toda la naturaleza. La pandemia fue algo difícil para nosotros porque cobró muchas vidas de nuestros ancianos, pero también podemos decir que de la pandemia pudimos aprender y rescatar muchos conocimientos, muchas prácticas, mucha cultura, que nosotros lo teníamos casi olvidado.

Las prioridades claras de las asociaciones de mujeres las llevaron a retomar la agricultura tradicional orgánica, en la que las verduras, las frutas, las hortalizas y los tubérculos crecen en parcelas junto con otros cultivos, preservando las semillas más resistentes al cambio climático y dándole a sus familias la oportunidad de mantener una dieta ancestral. Todo esto es posible gracias a la tenacidad de las mujeres productoras y al hecho de que sus territorios son reconocidos legalmente, permitiéndoles tomar decisiones autodeterminadas en temas de salud y economía.

Las actividades y soluciones de las comunidades indígenas son cruciales para la mitigación del cambio climático y la desaceleración de la pérdida de biodiversidad en los bosques tropicales del mundo. Apoyar la defensa de sus derechos territoriales es por lo tanto una de las formas más efectivas de preservar las zonas biodiversas del planeta, de las cuales depende el futuro de la humanidad.

Historias de Resiliencia es un proyecto de la Alianza Global de Comunidades Territoriales y TINTA (The Invisible Thread) para la documentación y visibilización de casos que muestran la adaptabilidad, fuerza y unidad de personas y comunidades frente al COVID-19 en los territorios de América Latina, Asia y África que conforman la Alianza.

Indonesia

Organización comunitaria y solidaridad frente a la adversidad

La Alianza de Pueblos Indígenas del Archipiélago (AMAN) trabaja a nivel local, nacional e internacional en defensa de los pueblos indígenas de Indonesia; representando a más de 2350 comunidades con más de 21 millones de miembros individuales.

Indonesia, que se extiende desde Sumatra en Asia hasta la parte occidental de Nueva Guinea en Oceanía, es el mayor estado archipelágico del mundo. A pesar de estas condiciones geográficas, AMAN fue capaz de apoyar y acompañar a sus comunidades miembros durante la pandemia de COVID-19 proporcionándoles directrices claras, cuando el Estado indonesio fue incapaz de responder eficazmente.

Jardín comunitario en Rongkong, Isla Sulawesi Meridional

El enfoque estratégico del liderazgo de AMAN planteó planes de acción claros que fueron ejecutados en comunidades de todas partes, lo que protegió la vida y el bienestar de millones durante las dificultades de la emergencia sanitaria mundial.

Una estructura sólida para apoyar a las comunidades

Desde el momento en que la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia en marzo del 2020, la Secretaria General de AMAN envió instrucciones a las secciones, organizaciones y grupos locales para llevar a cabo una cuarentena total en los territorios indígenas.

Eustobio Rero, Representante de Asuntos Organizativos de AMAN, recuerda cómo el anuncio de la pandemia se produjo justo antes de la celebración de la asamblea general anual de la organización en Flores, Nusa Tenggara Oriental:

Fue tan solo un día antes de la reunión y decidimos posponer el evento, a pesar de que todos los órganos ejecutivos locales y regionales ya estaban en camino para asistir. Algunos de los participantes de la reunión ya estaban en aeropuertos o en tránsito, pero decidimos cancelar la reunión para evitar la propagación del COVID en las comunidades.

Entre las medidas inmediatas adicionales adoptadas por los órganos ejecutivos de AMAN se incluyen la instrucción de incrementar la producción de arroz y otros alimentos básicos, la distribución de máscaras y equipos de protección personal para los médicos y el personal primario de atención sanitaria, y también la coordinación con agencias de salud, hospitales y servicios médicos ubicados en las comunidades.

La respuesta de emergencia autodeterminada de AMAN fue crucial para salvaguardar las comunidades, ya que la políticas públicas del gobierno de Indonesia llegaron tarde, entre mayo y junio del 2020, cuando el virus COVID-19 ya se había extendido por Yakarta, Surabaya, Medan y otras regiones del cuarto país más poblado del mundo.

En 2020, todas las comunidades indígenas ya habían seguido las instrucciones de cuarentena desde marzo hasta febrero del 2021. Durante ese tiempo, ninguna de las personas de las comunidades indígenas falleció por COVID. Durante esos 8 meses trabajamos para garantizar la mitigación, por medio de una cuarentena total y asegurando la suficiencia alimentaria. Sobrevivimos por completo.
Eustobio Rero
Representante de Asuntos Organizativos, AMAN

Para noviembre del 2021, la variante Delta del COVID-19 se había esparcido por más de 179 países. Muchas personas indígenas de Indonesia se enfermaron en las comunidades y AMAN tuvo que implementar incluso más medidas para contrarrestar el efecto de la pandemia.

En la segunda fase de la pandemia, durante la variante Delta, muchas personas fueron infectadas. Centramos nuestras estrategias en dos puntos: ayudamos al proveer equipo médico para las unidades de servicios de salud e incentivamos al gobierno a proveer vacunas para las personas indígenas. Logramos incentivar al Ministerio de Salud para que proporcionara cientos de miles de vacunas específicamente para las personas indígenas.
Annas Radin
Representante de Empoderamiento y Servicio Comunitario, AMAN

Las campañas de vacunación se completaron con el apoyo del Ministerio de Salud de Indonesia

AMANKan: Respuesta de emergencia en acción

El trabajo de miles de miembros de AMAN hizo posible implementar un cierre general en las comunidades, establecer focos de cuarentena e incrementar la producción agrícola. Todo esto fue posible porque AMAN estableció 108 Unidades de Respuesta de Emergencia a nivel comunitario.

Las Unidades de Respuesta de Emergencia, conocidas como AMANKan, fueron lideradas por mujeres y jóvenes que trabajaron incansablemente para implementar la cuarentena, asegurar que una cuarentena digna fuera posible para aquellas personas que regresaban a los pueblos desde la ciudad, organizar rituales y prácticas curativas tradicionales, y para garantizar el cumplimiento de la instrucción de aumentar la producción de alimentos.

Documentación de la respuesta de emergencia de AMANKan, fotografías proporcionadas por los equipos de AMANKan en comunidades de toda Indonesia

Annas Radin, Encargado de Empoderamiento y Servicio Comunitario AMAN fue el encargado de la coordinación de AMANKan. Él explica cómo la instrucción de producir más alimento en los territorios se convirtió en uno de los mayores logros de la respuesta de emergencia, ya que resultó en un excedente que permitió que AMAN redistribuyera los bienes a organizaciones aliadas y personas necesitadas en las ciudades. Al incrementar la producción agrícola, las comunidades miembros de AMAN contribuyeron enormemente al bienestar de millones de personas.

Soberanía y solidaridad

Más allá de las ventajas sociales y económicas que la producción de alimentos trajo a las comunidades indígenas, las respuesta de emergencia de AMAN también tomó en consideración los aspectos relacionados con el bienestar de las personas.

Las comunidades fueron incentivadas a llevar a cabo la cuarentena con dignidad. Esto significa que, si una persona regresaba al pueblo, o si alguien tenía una enfermedad o síntomas similares al COVID, tendrían que hacer cuarentena en el bosque, una zona de cultivo o cerca de un río, donde las personas construían un refugio, enviaban alimentos todos los días y los cuidaban hasta que se recuperasen.
Annas Radin
Representante de Empoderamiento y Servicio Comunitario, AMAN

Este método, simple pero efectivo, proporcionó una manera de evitar la propagación del COVID-19 en las aldeas y aseguró que aquellos que se enfermaban tuvieran una recuperación segura. Sin embargo, cuando empezó la propagación de la variante Delta del COVID-19, se tuvieron que implementar políticas más fuertes para controlar la crisis y mantenerla fuera de las comunidades.

Los esfuerzos que las personas de las comunidades realizaron para proteger sus aldeas -cuidar a los enfermos e incrementar la producción agrícola- fueron realizados por mujeres y jóvenes que trabajaron sin cesar.

Trabajamos juntos de forma solidaria para recolectar arroz y asegurar que las personas que estaban en cuarentena tuviesen suficiente alimento. Algunos de nosotros cocinamos para ellos. Cuando alguien daba positivo, les dábamos arroz y pescado o vegetales cocinados.
Romba Marannu.
Presidenta, Alianza de Pueblos Indígenas de Toraja

Al trabajar con un interés común y apoyándose mutuamente, las comunidades lograron mucho más que su supervivencia: su trabajo proporcionó alimentos nutritivos a miles de personas en las ciudades de Indonesia, donde los efectos de la pandemia golpearon con más fuerza.

Desde su creación en 1999, AMAN ha desarrollado una fuerte estructura organizacional que supervisa áreas como la gestión y asuntos operativos, la movilización de recursos, el apoyo y los servicios comunitarios, el desarrollo económico, la gestión de los recursos naturales y los asuntos educativos y culturales. Las decisiones tomadas por la Secretaria General y sus representantes adjuntos al comienzo de la pandemia resultaron eficaces para proteger a la población de los territorios.

AMAN lucha por el reconocimiento y la protección de los derechos de las personas indígenas en Indonesia. Las medidas autodeterminadas llevadas a cabo en todos los niveles, desde las comunidades hasta el órgano ejecutivo nacional, fueron posibles gracias a su fuerte estructura organizacional. Hacer cumplir los derechos de los pueblos indígenas no solo es una solución para la crisis climática actual, sino que también representa un modo de garantizar la presencia duradera de sus vastos conocimientos y herencias culturales para el beneficio de la humanidad.

Historias de Resiliencia es un proyecto de la Alianza Global de Comunidades Territoriales y TINTA (The Invisible Thread) para la documentación y visibilización de casos que muestran la adaptabilidad, fuerza y unidad de personas y comunidades frente al COVID-19 en los territorios de América Latina, Asia y África que conforman la Alianza.

Brasil

Manteniendo la fuerza ancestral en medio de una pandemia

Durante la pandemia, la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) guió a sus organizaciones representativas por medio de un sistema de alerta anti-COVID coordinado a nivel central. Este sistema incluyó el cierre de comunidades y un programa de vacunación para los 311 pueblos indígenas que la conforman. APIB tiene experiencia en la coordinación de movilizaciones masivas y acciones de incidencia política a gran escala, pero la respuesta ante la pandemia ha sido el proceso organizativo más complejo realizado desde su creación en 2005.

Campaña de vacunación de APIB, aldea Khikatxi, Mato Grosso, Brasil. Crédito: Kamikia Kisedje

Una articulación permanente por la defensa de los derechos indígenas en un país como Brasil, el séptimo más poblado del mundo, requiere planificación, visibilización y movilización civil. Estas acciones son impulsadas desde los movimientos de base por la fuerza de la ancestralidad y la espiritualidad. Para los pueblos indígenas mantener vivo el conocimiento ancestral, conservar la espiritualidad y defender la tenencia de los territorios son luchas entrelazadas.

Los pueblos indígenas traemos diferentes conocimientos tradicionales y dentro de nuestra expresión de lucha, también traemos nuestra ancestralidad, nuestra territorialidad, que se expresa a través de la pintura, los adornos, los penachos, las pulseras, los collares, en fin, de nuestros instrumentos que nos fortalecen para luchar.

Dinamam Tuxá
Director Ejecutivo de APIB

La demarcación de territorios indígenas es un derecho constitucional en Brasil y debe garantizar la autodeterminación, la autonomía y la protección de los derechos de los pueblos indígenas, así como su participación activa en la gestión y preservación de esos territorios. Sin embargo, en la práctica, los procesos de demarcación han sido detenidos, saboteados y atacados por intereses comerciales y gubernamentales.

Al defender sus derechos, los pueblos indígenas de Brasil protegen los 6 biomas que conforman sus territorios. La Amazonía, el bioma más conocido de los 6 que conforman Brasil, es la selva tropical más grande del planeta. Los otros biomas son la Mata Atlántica, el Cerrado, el Pantanal, la Pampa y la Caatinga. En su conjunto, estos 6 biomas son vitales para el equilibrio climático global.

Cacique Raoni Metuktire, uno de los grandes caciques del Pueblo Kayapó, figura internacional emblemática de la lucha por la preservación de la selva amazónica y de la cultura indígena. Crédito: Kamikia Kisedje / APIB

La Lucha por la Madre Tierra es la Madre de Todas las Luchas

Las mujeres, las lideresas indígenas, defienden la vida. Su lucha y su incidencia se centran en mantener viva a la Madre Tierra, en detener la deforestación, el saqueo de los recursos, la contaminación del agua y el aire, y el aumento de la temperatura en el mundo. Al defender todas las formas de vida, las mujeres indígenas constituyen la primera línea de defensa ambiental en los ecosistemas que son indispensables para la vida humana en el planeta.

Independientemente de la pandemia, siempre hemos valorado la espiritualidad, la biodiversidad que nos brinda los elementos para preparar nuestras medicinas y que es el hogar de nuestros espíritus. Pensar en biodiversidad no es sólo pensar en un bosque en pie, es un conjunto de cosas incluyendo esa parte mágica que nos hace evocar la espiritualidad. Entonces, la pandemia solo le gritó al mundo cuán fuerte y poderosa es la fuerza espiritual de los pueblos indígenas.

Cristiane Pankararu
Líder del Pueblo Pankararu, ANMIGA

Cristiane Pankararu es una de las fundadoras de la Articulación de Mujeres Indígenas Guerreras de la Ancestralidad (ANMIGA). La articulación funciona como una red para el empoderamiento de las mujeres indígenas, amplificando sus voces y sus roles como educadoras y sanadoras. La organización se inspira en sus ancestras, las mujeres que lucharon desde el inicio de la colonización en el año 1500.

Cristiane habla sobre la fuerza de sus ancestras, de su resistencia y sus luchas a lo largo de la historia, y comparte también cómo las mujeres indígenas avanzaron ocupando puestos en la política, y en espacios de incidencia internacional. “Estas mujeres son nuestras ancestras y nosotras somos estas guerreras hoy. Entonces nos llamamos guerreras ancestrales porque tenemos como referente a estas mujeres.”

Variedad de pinturas corporales y expresiones durante la III Marcha de Mujeres Indígenas de Brasil. Crédito: Kamikia Kisedje / APIB

Actualmente lideresas como Sônia Guajajara, Ministra de Pueblos Indígenas de Brasil, y Célia Xakriabá, Diputada Federal, dirigen entidades de gobierno y legislan para la defensa de los derechos de los pueblos indígenas. Llevando representatividad a los espacios públicos de toma de decisión, las lideresas mantienen viva la ancestralidad y espiritualidad de sus pueblos en la incidencia política.

Sônia Guajajara

Célia Xakriabá

Sônia Guajajara actualmente está a cargo del Ministerio de Pueblos Indígenas de Brasil. Célia Xakriabá, es Diputada Federal por el Estado de Minas Gerais. Créditos: Ricardo Stuckert/PR y Bruno Figueiredo/Liniker

La danza, la música, y el canto son artes que cuentan las historias de siglos atrás, transmitiendo el conocimiento y dando aliento. La diversidad de expresiones artísticas y espirituales de los cientos de pueblos indígenas de Brasil es muy amplia, las formas y colores de la pintura corporal tienen significados ligados al conocimiento o las habilidades de quienes las usan.

Winti Suya, líder del Pueblo Kisedje, lideró la aldea Khikatxi durante la pandemia. Se trató de uno de los retos más grandes que un dirigente comunitario puede afrontar. Liderar a una comunidad durante una emergencia sanitaria del nivel de la pandemia requirió de sabiduría y tiempo, de largas conversaciones comunitarias, y de decisiones tomadas por el bienestar común.

Hoy la comunidad se ha fortalecido mucho. Con la llegada de la pandemia pudimos prepararnos, nos organizamos y afrontamos una situación compleja y difícil, sobre la que no teníamos control, porque no sabes lo que es, no lo estás viendo.

La Cura del Mundo

A pesar de la gran pérdida humana, los pueblos indígenas se fortalecieron con la pandemia. De acuerdo a muchas de sus cosmovisiones, pudieron aprender de las lecciones. El aprendizaje es considerado constante y basado en una inmensa herencia de conocimiento ancestral. Muchos pueblos indígenas poseen conocimientos ancestrales y las habilidades necesarias para convivir con el mundo natural. Es en estos conocimientos que está la cura del mundo.

Cuando perdemos nuestra conexión con la naturaleza, perdemos nuestra humanidad. Regresar a nuestra propia naturaleza, al equilibrio con el mundo del cual formamos parte, son pasos imprescindibles para detener la crisis climática y el calentamiento global, los retos más grandes que afrontamos como humanidad.

La toma de decisiones climáticas a nivel global debe incluir los aportes de los pueblos indígenas y su guía. El trabajo de las organizaciones que defienden los derechos territoriales debe ser financiado directamente, y su conocimiento sobre conservación debe ser escalado. Apoyar la lucha de los pueblos indígenas es formar parte de la cura del mundo.

Fotografía y video: Kamikia Kisedje / APIB

Historias de Resiliencia es un proyecto de la Alianza Global de Comunidades Territoriales y TINTA (The Invisible Thread) para la documentación y visibilización de casos que muestran la adaptabilidad, fuerza y unidad de personas y comunidades frente al COVID-19 en los territorios de América Latina, Asia y África que conforman la Alianza.

Ecuador

Reviviendo el conocimiento ancestral

Esta es la historia de los pueblos de la Amazonia ecuatoriana, el recuento de la llegada del COVID-19 a lo profundo de la selva, y de cómo las comunidades se unieron y compartieron sus saberes para enfrentar la pandemia y sus impactos.

La selva es un mercado, la selva es una farmacia, la más grande y mejor que tenemos nosotros. Como los doctores que tienen sus medicamentos, nosotros tenemos nuestra selva en la que tenemos plantas de medicina para sanar

Nancy Guiquita
sabia del pueblo Waoraní

A pesar del inicio imprevisto de la pandemia en 2020 y de la devastación que causó en el mundo entero, los pueblos indígenas retomaron su conocimiento ancestral y la enfrentaron con sabiduría y en solidaridad. Desde los primeros meses de la emergencia global, comunidades en toda la Amazonía recurrieron al conocimiento ancestral a través de revivir la palabra, el canto y la experiencia de sus mayores.

La selva amazónica es el bosque más grande del planeta. Por su gran extensión tiene influencia en la temperatura, y es reguladora del clima global. Para los pueblos y comunidades que viven rodeadas de esta inmensidad biológica, la selva lo provee todo, desde el alimento y el agua hasta la medicina para sanar.

Al inicio de la pandemia el Estado ecuatoriano ordenó el cierre de vías y dejó sin apoyo en salud a los pueblos indígenas. Este abandono tuvo como consecuencia una aceleración del proceso de transmisión del conocimiento ancestral de las personas mayores a las más jóvenes. Familias y comunidades enteras se adentraron en la densa selva para recolectar y luego preparar las medicinas con las que atendieron los síntomas y aliviaron los dolores de las personas contagiadas.

Plantas medicinales recolectadas por Nancy Guiquita, sabia del pueblo Waoraní

La Ruta de la Sabiduría Ancestral

Nemo Guiquita, dirigente del Pueblo Waorani, lideró un proceso de diálogo comunitaria. La vuelta a la medicina ancestral requirió facilitar espacios para que las personas mayores compartieran con las más jóvenes, para enseñarles no solo sobre las plantas medicinales y sus propiedades, sino cómo se deben recolectar, cómo deben prepararse y aplicarse.

Se trabajó desde las comunidades con los sabios, con los jóvenes y con las mujeres para combatir la enfermedad. Tuvimos que recurrir nuevamente a nuestros sabios de las comunidades, y poder empezar a identificar las plantas medicinales, las hojas, las raíces, los tallos. Los conocimientos volvieron a revivir nuevamente y esto ha sido para nosotros un gran logro y una fortaleza

Nemo Guiquita
lideresa del pueblo Waoraní

Nemo cuenta cómo “los jóvenes tuvieron que involucrarse muchísimo en el tema de las plantas medicinales y los saberes ancestrales que nuestros sabios tenían, todos nos involucramos. Cada joven, cada mujer que asistía a las ceremonias de nuestros sabios iba aprendiendo”. Nemo relata cómo los conocimientos de las y los sabios del Pueblo Waorani permitieron evitar muchas muertes y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por la enfermedad del COVID-19.

Comunidad de Unión Base, Amazonía ecuatoriana

En otro punto de la inmensa selva amazónica, en Unión Base, también se vivió este renacimiento del saber ancestral. Indira Vargas, dirigente comunitaria del Pueblo Kichwa, participó activamente en varios procesos de capacitación sobre el COVID abiertos por la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE), y se formó como Promotora de Salud.

Junto a un grupo de compañeras de su comunidad, Indira forma parte de la Colectiva Awana, un espacio para compartir sobre prácticas ancestrales, experiencias y cuidados desde el acervo alimenticio, el manejo de las plantas y semillas nativas, la realización de círculos de palabra frente al fuego, las medicinas ancestrales y el papel de la mujer dentro del desarrollo comunitario.

Mujeres de la Colectiva Awana muestran plantas medicinales tradicionales de los pueblos amazónicos de Ecuador

Desde que tengo memoria, he crecido con mis abuelos en la comunidad y de hecho mis abuelos me enseñaron mucho sobre las historias, sobre el conocimiento mismo. Como personas indígenas, mi abuela me enseñó cómo cultivar la tierra y cómo está conectado el conocimiento a los cantos”, dice Indira sobre su formación en el uso de la inmensa variedad de plantas de la Amazonía.

Indira recuerda cómo las noticias de la pandemia llegaron a Unión Base, cómo la comunidad recibió con gran miedo las imágenes de cuerpos en las calles de Quito y otras ciudades ecuatorianas, producto de la incapacidad del sistema de salud de atender la multitud de personas contagiadas. Luego del miedo inicial, la organización comunitaria probó ser la solución al colapso del sistema sanitario, proveyendo en abundancia remedios naturales para aliviar los síntomas del COVID.

Elixires, jarabes y preparaciones para aliviar el dolor muscular, el dolor de cabeza y la fiebre, todo creado a base del conocimiento milenario, de la sabiduría transmitida por medio del canto y la palabra. Indira reflexiona sobre cómo el uso de las plantas y medicinas ancestrales coincide en las comunidades Amazónicas del Ecuador a pesar de ser de distintos territorios, lenguas y pueblos, lo cual denota una profunda e intrínseca sabiduría ancestral. Su labor como Promotora de Salud es precisamente una combinación de conocimiento ancestral y conocimiento occidental.

Tanto la medicina occidental como la medicina tradicional son buenas. Si se conectan las dos sería un gran paso. Sería ya una construcción intercultural: la verdadera interculturalidad en el conocimiento.

Indira Vargas
dirigente comunitaria del Pueblo Kichwa

Las luchas históricas de los pueblos indígenas y comunidades locales, visibilizadas a través de sus organizaciones representativas, mantienen viva la llama de los conocimientos tradicionales y su relación armónica con la naturaleza. La humanidad tiene mucho por aprender de estos conocimientos tradicionales ya que nuestro destino común está intrínsecamente vinculado al destino de los pueblos y comunidades indígenas, principales defensores de la biodiversidad, los bosques, el agua y la vida en el planeta.

Historias de Resiliencia es un proyecto de la Alianza Global de Comunidades Territoriales y TINTA (The Invisible Thread) para la documentación y visibilización de casos que muestran la adaptabilidad, fuerza y unidad de personas y comunidades frente al COVID-19 en los territorios de América Latina, Asia y África que conforman la Alianza.

Costa Rica

El rescate de las semillas y el retorno a la tierra

Cuando inició la pandemia de COVID-19, los pueblos Bribri y Cabécar dependían de la venta de plátano y banano para su subsistencia. El cierre de vías y el alto forzado a las actividades económicas generaron una emergencia para proveer de manera solidaria la alimentación de cientos de familias en las comunidades de Talamanca, el cantón con la mayor población indígena de Costa Rica. Sin embargo, el caos inicial dió paso a un renacimiento de los métodos de siembra tradicionales y el regreso a una dieta nutritiva, orgánica y ancestral. The road closures and the halt in economic activity generated an urgent need to provide food in solidarity with hundreds of families in the Talamanca communities, a local area with the largest Indigenous population in Costa Rica. However, the initial chaos gave way to a revival of traditional sowing methods and a return to a nutritious, organic, and ancestral diet.

Es importante para nosotras como mujeres seguir liderando el tema de producción, el tema de la seguridad alimentaria, que es para nosotras la parte más sensible y más fuerte, porque es el alimento de nuestra familia

Maricela Fernández, lideresa del pueblo Cabécar y presidenta de la Asociación de Mujeres Kábata Könana compartiendo en una de las comunidades que forman parte de la red de mujeres de la asociación.

El respeto por las costumbres y prácticas ancestrales ha reavivado el interés en las comunidades por la siembra autosuficiente y orgánica, y le ha permitido a las mujeres recuperar los cultivos que sus antepasados crecían en las montañas, usando el conocimiento aprendido de las y los mayores, para producir alimentos frescos y abundantes.

Protectoras del bosque y la montaña

Dos semanas después del inicio oficial de la pandemia en 2020, la Asociación de Desarrollo Integral del Territorio Indígena Talamanca Cabécar (ADITICA) organizó una reunión para atender la emergencia sanitaria y delegar responsabilidades a las organizaciones comunitarias que la integran. Fue así como la Asociación de Mujeres Kábata Könana, que en Cabécar significa Protectoras del Bosque y la Montaña, tuvo a su cargo el desarrollo de un eje cultural productivo enfocado en la seguridad alimentaria.

El grupo de mujeres realizó un diagnóstico de las necesidades de las comunidades en lo profundo del bosque. Este diagnóstico reveló que la siembra de alimentos había sido dejada de lado porque la venta de algunos productos suplía las necesidades económicas. Maricela Fernández, lideresa del Pueblo Cabécar, cuenta que «estábamos enfocadas en las ventas de plátano y banano, entonces nos interesaba más vender plátano y banano que sembrar granos básicos, sembrar tubérculos, sembrar plantas medicinales y diversificar las parcelas».

El diagnóstico que realizaron las mujeres de la Asociación Kábata Könana requirió visitar más de 110 familias en comunidades esparcidas en grandes distancias de bosque tropical, valles y montañas, donde en ocasiones es necesario navegar los amplios ríos de la zona para llegar a las aldeas.

Poco a poco se hizo un inventario de lo que cada mujer tenía sembrado en su parcela: arroz, frijoles, maíz, yuca, cacao, chile, frutas, plantas medicinales, entre muchos más. Con este inventario como base, fue posible definir quienes necesitaban semillas para reiniciar el cultivo de los productos en sus terrenos. De esta forma se comenzó un proceso para retomar la dieta milenaria, saludable y autosuficiente de la que los Pueblos Bribri y Cabécar han dependido por siglos.

Entonces se empezó a trabajar todo lo que es agricultura tradicional, sin químicos. Que todos trabajemos orgánicamente y rescatemos semillas nativas que sean resistentes al cambio climático, y eso es lo que hemos estado haciendo

La necesidad de diversificar los cultivos y preservar las semillas llevó a la Asociación Kábata Könana a crear sistemas para intercambiar semillas y productos entre las mujeres comunitarias. Por medio de la organización de ferias o mercados mensuales, en los que se reúnen para vender la sobreproducción de sus productos o intercambiarlos por otros con sus compañeras, las mujeres fueron capaces de comercializar sus productos y abastecer la comunidad.

La dieta Bribri y Cabécar incluye una gran variedad de tubérculos, granos, hortalizas y frutas.

Tejiendo redes comunitarias

El proyecto de Kábata Könana comenzó a generar resultados en las comunidades del Territorio indígena de Talamanca. Dado, sin embargo, que las necesidades eran las mismas en otros territorios, la Red Indígena Bribri y Cabécar (RIBCA) apoyó también el intercambio de conocimientos entre seis organizaciones de mujeres, para reproducir las ferias y los intercambios de semillas en otras comunidades.

Alondra Cerdas es dirigente comunitaria del Territorio Indígena Tayní y presidenta de la Asociación de Mujeres Ditsä Wä Kjänana, que en idioma Cabécar significa Mujeres Protectores de la Semilla. Su organización es una de las que han replicado las ferias y el intercambio de semillas iniciados en el Territorio de Talamanca Cabécar.

Alondra recuerda cómo al inicio de la pandemia se cerraron los mercados y se suspendieron los programas del Ministerio de Educación para la alimentación de niños y adolescentes en las escuelas y colegios del país. Los programas de comedores escolares suplían en gran medida la alimentación de los niños y niñas, pero al cerrar, las familias comenzaron a necesitar más alimentos, en un momento en el que el precio de los productos comenzaba a elevarse.

En este contexto las mujeres del Territorio Tayní decidieron atender la fuerte necesidad de retomar la agricultura tradicional, en la que las verduras, las frutas, las hortalizas y los tubérculos son producidos en forma orgánica, es decir, libres de agroquímicos y crecen en parcelas diversas, aportando mejores nutrientes a la dieta familiar.

Alondra considera el primer año de la pandemia como un tiempo atemorizante para su comunidad y los territorios en general. Ella trabaja como asistente en atención a la población indígena en la institución nacional de salud que atendió el primer caso de COVID-19 del Territorio indígena Tayní.

Llegamos a la conclusión que una sana alimentación es lo que nos ayudaría a protegernos contra cualquier virus, contra cualquier enfermedad, o sea, tener defensas más altas para contrarrestar estas enfermedades. Nuestros productos son meramente orgánicos, si los sabemos trabajar, si los sabemos sembrar, y aportan una gran cantidad de vitaminas, calcio y hierro a nuestro sistema inmunológico

La vuelta a la agricultura tradicional mejoró la calidad de vida en los territorios, y significó también una actividad económica capaz de generar ingresos por la venta de la sobreproducción en las parcelas de las mujeres productoras.

Además de alimentos, las mujeres venden todo tipo de productos del bosque, cestería y artesanías durante las ferias y mercados que se organizan mensualmente

Varias organizaciones de mujeres se reúnen en Gavilán Canta, sede de la Asociación Kábata Könana, donde se coordina el transporte de las productoras y sus cosechas desde las comunidades, internadas kilómetros adentro en las montañas. Las instalaciones son propiedad de la asociación y las mujeres son copropietarias de la finca en la que han construido una oficina acondicionada con paneles solares, acceso a internet, un área para dormir y una cocina equipada.

Cerca de la oficina las mujeres han construido además una casa circular, de acuerdo con la arquitectura, cosmovisión y costumbres del pueblo Cabécar, utilizando como materias primas madera, mecate y palmas del bosque. En esta casa circular se realizan actividades culturales, reuniones y todo tipo de eventos comunitarios. En diferentes parcelas esparcidas en la finca, las mujeres cuidan además semilleros dispuestos de acuerdo con la ingeniería ancestral del pueblo Cabécar, que es circular al igual que sus construcciones.

Organizar a las mujeres de las comunidades para producir todos los alimentos constituyó un trabajo fuerte que continúa hasta ahora, generando beneficios para cientos de familias, con decenas de mujeres activamente involucradas en la organización de ferias e intercambios de semillas.

El conocimiento tradicional es la esencia de un pueblo, de un territorio indígena. El conocimiento es la fuerza de un pueblo, porque tiene conexión con la Madre Tierra, tiene conexión con el bosque, conexión con toda la naturaleza. La pandemia fue algo difícil para nosotros porque cobró muchas vidas de nuestros ancianos, pero también podemos decir que de la pandemia pudimos aprender y rescatar muchos conocimientos, muchas prácticas, mucha cultura, que nosotros lo teníamos casi olvidado.

Las prioridades claras de las asociaciones de mujeres las llevaron a retomar la agricultura tradicional orgánica, en la que las verduras, las frutas, las hortalizas y los tubérculos crecen en parcelas junto con otros cultivos, preservando las semillas más resistentes al cambio climático y dándole a sus familias la oportunidad de mantener una dieta ancestral. Todo esto es posible gracias a la tenacidad de las mujeres productoras y al hecho de que sus territorios son reconocidos legalmente, permitiéndoles tomar decisiones autodeterminadas en temas de salud y economía.

Las actividades y soluciones de las comunidades indígenas son cruciales para la mitigación del cambio climático y la desaceleración de la pérdida de biodiversidad en los bosques tropicales del mundo. Apoyar la defensa de sus derechos territoriales es por lo tanto una de las formas más efectivas de preservar las zonas biodiversas del planeta, de las cuales depende el futuro de la humanidad.

Historias de Resiliencia es un proyecto de la Alianza Global de Comunidades Territoriales y TINTA (The Invisible Thread) para la documentación y visibilización de casos que muestran la adaptabilidad, fuerza y unidad de personas y comunidades frente al COVID-19 en los territorios de América Latina, Asia y África que conforman la Alianza.

Indonesia

Organización comunitaria y solidaridad frente a la adversidad

La Alianza de Pueblos Indígenas del Archipiélago (AMAN) trabaja a nivel local, nacional e internacional en defensa de los pueblos indígenas de Indonesia; representando a más de 2350 comunidades con más de 21 millones de miembros individuales.

Indonesia, que se extiende desde Sumatra en Asia hasta la parte occidental de Nueva Guinea en Oceanía, es el mayor estado archipelágico del mundo. A pesar de estas condiciones geográficas, AMAN fue capaz de apoyar y acompañar a sus comunidades miembros durante la pandemia de COVID-19 proporcionándoles directrices claras, cuando el Estado indonesio fue incapaz de responder eficazmente.

Jardín comunitario en Rongkong, Isla Sulawesi Meridional

El enfoque estratégico del liderazgo de AMAN planteó planes de acción claros que fueron ejecutados en comunidades de todas partes, lo que protegió la vida y el bienestar de millones durante las dificultades de la emergencia sanitaria mundial.

Una estructura sólida para apoyar a las comunidades

Desde el momento en que la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia en marzo del 2020, la Secretaria General de AMAN envió instrucciones a las secciones, organizaciones y grupos locales para llevar a cabo una cuarentena total en los territorios indígenas.

Eustobio Rero, Representante de Asuntos Organizativos de AMAN, recuerda cómo el anuncio de la pandemia se produjo justo antes de la celebración de la asamblea general anual de la organización en Flores, Nusa Tenggara Oriental:

Fue tan solo un día antes de la reunión y decidimos posponer el evento, a pesar de que todos los órganos ejecutivos locales y regionales ya estaban en camino para asistir. Algunos de los participantes de la reunión ya estaban en aeropuertos o en tránsito, pero decidimos cancelar la reunión para evitar la propagación del COVID en las comunidades.

Entre las medidas inmediatas adicionales adoptadas por los órganos ejecutivos de AMAN se incluyen la instrucción de incrementar la producción de arroz y otros alimentos básicos, la distribución de máscaras y equipos de protección personal para los médicos y el personal primario de atención sanitaria, y también la coordinación con agencias de salud, hospitales y servicios médicos ubicados en las comunidades.

La respuesta de emergencia autodeterminada de AMAN fue crucial para salvaguardar las comunidades, ya que la políticas públicas del gobierno de Indonesia llegaron tarde, entre mayo y junio del 2020, cuando el virus COVID-19 ya se había extendido por Yakarta, Surabaya, Medan y otras regiones del cuarto país más poblado del mundo.

En 2020, todas las comunidades indígenas ya habían seguido las instrucciones de cuarentena desde marzo hasta febrero del 2021. Durante ese tiempo, ninguna de las personas de las comunidades indígenas falleció por COVID. Durante esos 8 meses trabajamos para garantizar la mitigación, por medio de una cuarentena total y asegurando la suficiencia alimentaria. Sobrevivimos por completo.
Eustobio Rero
Representante de Asuntos Organizativos, AMAN

Para noviembre del 2021, la variante Delta del COVID-19 se había esparcido por más de 179 países. Muchas personas indígenas de Indonesia se enfermaron en las comunidades y AMAN tuvo que implementar incluso más medidas para contrarrestar el efecto de la pandemia.

En la segunda fase de la pandemia, durante la variante Delta, muchas personas fueron infectadas. Centramos nuestras estrategias en dos puntos: ayudamos al proveer equipo médico para las unidades de servicios de salud e incentivamos al gobierno a proveer vacunas para las personas indígenas. Logramos incentivar al Ministerio de Salud para que proporcionara cientos de miles de vacunas específicamente para las personas indígenas.
Annas Radin
Representante de Empoderamiento y Servicio Comunitario, AMAN

Las campañas de vacunación se completaron con el apoyo del Ministerio de Salud de Indonesia

AMANKan: Respuesta de emergencia en acción

El trabajo de miles de miembros de AMAN hizo posible implementar un cierre general en las comunidades, establecer focos de cuarentena e incrementar la producción agrícola. Todo esto fue posible porque AMAN estableció 108 Unidades de Respuesta de Emergencia a nivel comunitario.

Las Unidades de Respuesta de Emergencia, conocidas como AMANKan, fueron lideradas por mujeres y jóvenes que trabajaron incansablemente para implementar la cuarentena, asegurar que una cuarentena digna fuera posible para aquellas personas que regresaban a los pueblos desde la ciudad, organizar rituales y prácticas curativas tradicionales, y para garantizar el cumplimiento de la instrucción de aumentar la producción de alimentos.

Documentación de la respuesta de emergencia de AMANKan, fotografías proporcionadas por los equipos de AMANKan en comunidades de toda Indonesia

Annas Radin, Encargado de Empoderamiento y Servicio Comunitario AMAN fue el encargado de la coordinación de AMANKan. Él explica cómo la instrucción de producir más alimento en los territorios se convirtió en uno de los mayores logros de la respuesta de emergencia, ya que resultó en un excedente que permitió que AMAN redistribuyera los bienes a organizaciones aliadas y personas necesitadas en las ciudades. Al incrementar la producción agrícola, las comunidades miembros de AMAN contribuyeron enormemente al bienestar de millones de personas.

Soberanía y solidaridad

Más allá de las ventajas sociales y económicas que la producción de alimentos trajo a las comunidades indígenas, las respuesta de emergencia de AMAN también tomó en consideración los aspectos relacionados con el bienestar de las personas.

Las comunidades fueron incentivadas a llevar a cabo la cuarentena con dignidad. Esto significa que, si una persona regresaba al pueblo, o si alguien tenía una enfermedad o síntomas similares al COVID, tendrían que hacer cuarentena en el bosque, una zona de cultivo o cerca de un río, donde las personas construían un refugio, enviaban alimentos todos los días y los cuidaban hasta que se recuperasen.
Annas Radin
Representante de Empoderamiento y Servicio Comunitario, AMAN

Este método, simple pero efectivo, proporcionó una manera de evitar la propagación del COVID-19 en las aldeas y aseguró que aquellos que se enfermaban tuvieran una recuperación segura. Sin embargo, cuando empezó la propagación de la variante Delta del COVID-19, se tuvieron que implementar políticas más fuertes para controlar la crisis y mantenerla fuera de las comunidades.

Los esfuerzos que las personas de las comunidades realizaron para proteger sus aldeas -cuidar a los enfermos e incrementar la producción agrícola- fueron realizados por mujeres y jóvenes que trabajaron sin cesar.

Trabajamos juntos de forma solidaria para recolectar arroz y asegurar que las personas que estaban en cuarentena tuviesen suficiente alimento. Algunos de nosotros cocinamos para ellos. Cuando alguien daba positivo, les dábamos arroz y pescado o vegetales cocinados.
Romba Marannu.
Presidenta, Alianza de Pueblos Indígenas de Toraja

Al trabajar con un interés común y apoyándose mutuamente, las comunidades lograron mucho más que su supervivencia: su trabajo proporcionó alimentos nutritivos a miles de personas en las ciudades de Indonesia, donde los efectos de la pandemia golpearon con más fuerza.

Desde su creación en 1999, AMAN ha desarrollado una fuerte estructura organizacional que supervisa áreas como la gestión y asuntos operativos, la movilización de recursos, el apoyo y los servicios comunitarios, el desarrollo económico, la gestión de los recursos naturales y los asuntos educativos y culturales. Las decisiones tomadas por la Secretaria General y sus representantes adjuntos al comienzo de la pandemia resultaron eficaces para proteger a la población de los territorios.

AMAN lucha por el reconocimiento y la protección de los derechos de las personas indígenas en Indonesia. Las medidas autodeterminadas llevadas a cabo en todos los niveles, desde las comunidades hasta el órgano ejecutivo nacional, fueron posibles gracias a su fuerte estructura organizacional. Hacer cumplir los derechos de los pueblos indígenas no solo es una solución para la crisis climática actual, sino que también representa un modo de garantizar la presencia duradera de sus vastos conocimientos y herencias culturales para el beneficio de la humanidad.

Historias de Resiliencia es un proyecto de la Alianza Global de Comunidades Territoriales y TINTA (The Invisible Thread) para la documentación y visibilización de casos que muestran la adaptabilidad, fuerza y unidad de personas y comunidades frente al COVID-19 en los territorios de América Latina, Asia y África que conforman la Alianza.

Brasil

Manteniendo la fuerza ancestral en medio de una pandemia

Durante la pandemia, la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) guió a sus organizaciones representativas por medio de un sistema de alerta anti-COVID coordinado a nivel central. Este sistema incluyó el cierre de comunidades y un programa de vacunación para los 311 pueblos indígenas que la conforman. APIB tiene experiencia en la coordinación de movilizaciones masivas y acciones de incidencia política a gran escala, pero la respuesta ante la pandemia ha sido el proceso organizativo más complejo realizado desde su creación en 2005.

Campaña de vacunación de APIB, aldea Khikatxi, Mato Grosso, Brasil. Crédito: Kamikia Kisedje

Una articulación permanente por la defensa de los derechos indígenas en un país como Brasil, el séptimo más poblado del mundo, requiere planificación, visibilización y movilización civil. Estas acciones son impulsadas desde los movimientos de base por la fuerza de la ancestralidad y la espiritualidad. Para los pueblos indígenas mantener vivo el conocimiento ancestral, conservar la espiritualidad y defender la tenencia de los territorios son luchas entrelazadas.

Los pueblos indígenas traemos diferentes conocimientos tradicionales y dentro de nuestra expresión de lucha, también traemos nuestra ancestralidad, nuestra territorialidad, que se expresa a través de la pintura, los adornos, los penachos, las pulseras, los collares, en fin, de nuestros instrumentos que nos fortalecen para luchar.

Dinamam Tuxá
Director Ejecutivo de APIB

La demarcación de territorios indígenas es un derecho constitucional en Brasil y debe garantizar la autodeterminación, la autonomía y la protección de los derechos de los pueblos indígenas, así como su participación activa en la gestión y preservación de esos territorios. Sin embargo, en la práctica, los procesos de demarcación han sido detenidos, saboteados y atacados por intereses comerciales y gubernamentales.

Al defender sus derechos, los pueblos indígenas de Brasil protegen los 6 biomas que conforman sus territorios. La Amazonía, el bioma más conocido de los 6 que conforman Brasil, es la selva tropical más grande del planeta. Los otros biomas son la Mata Atlántica, el Cerrado, el Pantanal, la Pampa y la Caatinga. En su conjunto, estos 6 biomas son vitales para el equilibrio climático global.

Cacique Raoni Metuktire, uno de los grandes caciques del Pueblo Kayapó, figura internacional emblemática de la lucha por la preservación de la selva amazónica y de la cultura indígena. Crédito: Kamikia Kisedje / APIB

La Lucha por la Madre Tierra es la Madre de Todas las Luchas

Las mujeres, las lideresas indígenas, defienden la vida. Su lucha y su incidencia se centran en mantener viva a la Madre Tierra, en detener la deforestación, el saqueo de los recursos, la contaminación del agua y el aire, y el aumento de la temperatura en el mundo. Al defender todas las formas de vida, las mujeres indígenas constituyen la primera línea de defensa ambiental en los ecosistemas que son indispensables para la vida humana en el planeta.

Independientemente de la pandemia, siempre hemos valorado la espiritualidad, la biodiversidad que nos brinda los elementos para preparar nuestras medicinas y que es el hogar de nuestros espíritus. Pensar en biodiversidad no es sólo pensar en un bosque en pie, es un conjunto de cosas incluyendo esa parte mágica que nos hace evocar la espiritualidad. Entonces, la pandemia solo le gritó al mundo cuán fuerte y poderosa es la fuerza espiritual de los pueblos indígenas.

Cristiane Pankararu
Líder del Pueblo Pankararu, ANMIGA

Cristiane Pankararu es una de las fundadoras de la Articulación de Mujeres Indígenas Guerreras de la Ancestralidad (ANMIGA). La articulación funciona como una red para el empoderamiento de las mujeres indígenas, amplificando sus voces y sus roles como educadoras y sanadoras. La organización se inspira en sus ancestras, las mujeres que lucharon desde el inicio de la colonización en el año 1500.

Cristiane habla sobre la fuerza de sus ancestras, de su resistencia y sus luchas a lo largo de la historia, y comparte también cómo las mujeres indígenas avanzaron ocupando puestos en la política, y en espacios de incidencia internacional. “Estas mujeres son nuestras ancestras y nosotras somos estas guerreras hoy. Entonces nos llamamos guerreras ancestrales porque tenemos como referente a estas mujeres.”

Variedad de pinturas corporales y expresiones durante la III Marcha de Mujeres Indígenas de Brasil. Crédito: Kamikia Kisedje / APIB

Actualmente lideresas como Sônia Guajajara, Ministra de Pueblos Indígenas de Brasil, y Célia Xakriabá, Diputada Federal, dirigen entidades de gobierno y legislan para la defensa de los derechos de los pueblos indígenas. Llevando representatividad a los espacios públicos de toma de decisión, las lideresas mantienen viva la ancestralidad y espiritualidad de sus pueblos en la incidencia política.

Sônia Guajajara

Célia Xakriabá

Sônia Guajajara actualmente está a cargo del Ministerio de Pueblos Indígenas de Brasil. Célia Xakriabá, es Diputada Federal por el Estado de Minas Gerais. Créditos: Ricardo Stuckert/PR y Bruno Figueiredo/Liniker

La danza, la música, y el canto son artes que cuentan las historias de siglos atrás, transmitiendo el conocimiento y dando aliento. La diversidad de expresiones artísticas y espirituales de los cientos de pueblos indígenas de Brasil es muy amplia, las formas y colores de la pintura corporal tienen significados ligados al conocimiento o las habilidades de quienes las usan.

Winti Suya, líder del Pueblo Kisedje, lideró la aldea Khikatxi durante la pandemia. Se trató de uno de los retos más grandes que un dirigente comunitario puede afrontar. Liderar a una comunidad durante una emergencia sanitaria del nivel de la pandemia requirió de sabiduría y tiempo, de largas conversaciones comunitarias, y de decisiones tomadas por el bienestar común.

Hoy la comunidad se ha fortalecido mucho. Con la llegada de la pandemia pudimos prepararnos, nos organizamos y afrontamos una situación compleja y difícil, sobre la que no teníamos control, porque no sabes lo que es, no lo estás viendo.

La Cura del Mundo

A pesar de la gran pérdida humana, los pueblos indígenas se fortalecieron con la pandemia. De acuerdo a muchas de sus cosmovisiones, pudieron aprender de las lecciones. El aprendizaje es considerado constante y basado en una inmensa herencia de conocimiento ancestral. Muchos pueblos indígenas poseen conocimientos ancestrales y las habilidades necesarias para convivir con el mundo natural. Es en estos conocimientos que está la cura del mundo.

Cuando perdemos nuestra conexión con la naturaleza, perdemos nuestra humanidad. Regresar a nuestra propia naturaleza, al equilibrio con el mundo del cual formamos parte, son pasos imprescindibles para detener la crisis climática y el calentamiento global, los retos más grandes que afrontamos como humanidad.

La toma de decisiones climáticas a nivel global debe incluir los aportes de los pueblos indígenas y su guía. El trabajo de las organizaciones que defienden los derechos territoriales debe ser financiado directamente, y su conocimiento sobre conservación debe ser escalado. Apoyar la lucha de los pueblos indígenas es formar parte de la cura del mundo.

Fotografía y video: Kamikia Kisedje / APIB

Historias de Resiliencia es un proyecto de la Alianza Global de Comunidades Territoriales y TINTA (The Invisible Thread) para la documentación y visibilización de casos que muestran la adaptabilidad, fuerza y unidad de personas y comunidades frente al COVID-19 en los territorios de América Latina, Asia y África que conforman la Alianza.

Ecuador

Reviviendo el conocimiento ancestral

Esta es la historia de los pueblos de la Amazonia ecuatoriana, el recuento de la llegada del COVID-19 a lo profundo de la selva, y de cómo las comunidades se unieron y compartieron sus saberes para enfrentar la pandemia y sus impactos.

La selva es un mercado, la selva es una farmacia, la más grande y mejor que tenemos nosotros. Como los doctores que tienen sus medicamentos, nosotros tenemos nuestra selva en la que tenemos plantas de medicina para sanar

Nancy Guiquita
sabia del pueblo Waoraní

A pesar del inicio imprevisto de la pandemia en 2020 y de la devastación que causó en el mundo entero, los pueblos indígenas retomaron su conocimiento ancestral y la enfrentaron con sabiduría y en solidaridad. Desde los primeros meses de la emergencia global, comunidades en toda la Amazonía recurrieron al conocimiento ancestral a través de revivir la palabra, el canto y la experiencia de sus mayores.

La selva amazónica es el bosque más grande del planeta. Por su gran extensión tiene influencia en la temperatura, y es reguladora del clima global. Para los pueblos y comunidades que viven rodeadas de esta inmensidad biológica, la selva lo provee todo, desde el alimento y el agua hasta la medicina para sanar.

Al inicio de la pandemia el Estado ecuatoriano ordenó el cierre de vías y dejó sin apoyo en salud a los pueblos indígenas. Este abandono tuvo como consecuencia una aceleración del proceso de transmisión del conocimiento ancestral de las personas mayores a las más jóvenes. Familias y comunidades enteras se adentraron en la densa selva para recolectar y luego preparar las medicinas con las que atendieron los síntomas y aliviaron los dolores de las personas contagiadas.

Plantas medicinales recolectadas por Nancy Guiquita, sabia del pueblo Waoraní

La Ruta de la Sabiduría Ancestral

Nemo Guiquita, dirigente del Pueblo Waorani, lideró un proceso de diálogo comunitaria. La vuelta a la medicina ancestral requirió facilitar espacios para que las personas mayores compartieran con las más jóvenes, para enseñarles no solo sobre las plantas medicinales y sus propiedades, sino cómo se deben recolectar, cómo deben prepararse y aplicarse.

Se trabajó desde las comunidades con los sabios, con los jóvenes y con las mujeres para combatir la enfermedad. Tuvimos que recurrir nuevamente a nuestros sabios de las comunidades, y poder empezar a identificar las plantas medicinales, las hojas, las raíces, los tallos. Los conocimientos volvieron a revivir nuevamente y esto ha sido para nosotros un gran logro y una fortaleza

Nemo Guiquita
lideresa del pueblo Waoraní

Nemo cuenta cómo “los jóvenes tuvieron que involucrarse muchísimo en el tema de las plantas medicinales y los saberes ancestrales que nuestros sabios tenían, todos nos involucramos. Cada joven, cada mujer que asistía a las ceremonias de nuestros sabios iba aprendiendo”. Nemo relata cómo los conocimientos de las y los sabios del Pueblo Waorani permitieron evitar muchas muertes y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por la enfermedad del COVID-19.

Comunidad de Unión Base, Amazonía ecuatoriana

En otro punto de la inmensa selva amazónica, en Unión Base, también se vivió este renacimiento del saber ancestral. Indira Vargas, dirigente comunitaria del Pueblo Kichwa, participó activamente en varios procesos de capacitación sobre el COVID abiertos por la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE), y se formó como Promotora de Salud.

Junto a un grupo de compañeras de su comunidad, Indira forma parte de la Colectiva Awana, un espacio para compartir sobre prácticas ancestrales, experiencias y cuidados desde el acervo alimenticio, el manejo de las plantas y semillas nativas, la realización de círculos de palabra frente al fuego, las medicinas ancestrales y el papel de la mujer dentro del desarrollo comunitario.

Mujeres de la Colectiva Awana muestran plantas medicinales tradicionales de los pueblos amazónicos de Ecuador

Desde que tengo memoria, he crecido con mis abuelos en la comunidad y de hecho mis abuelos me enseñaron mucho sobre las historias, sobre el conocimiento mismo. Como personas indígenas, mi abuela me enseñó cómo cultivar la tierra y cómo está conectado el conocimiento a los cantos”, dice Indira sobre su formación en el uso de la inmensa variedad de plantas de la Amazonía.

Indira recuerda cómo las noticias de la pandemia llegaron a Unión Base, cómo la comunidad recibió con gran miedo las imágenes de cuerpos en las calles de Quito y otras ciudades ecuatorianas, producto de la incapacidad del sistema de salud de atender la multitud de personas contagiadas. Luego del miedo inicial, la organización comunitaria probó ser la solución al colapso del sistema sanitario, proveyendo en abundancia remedios naturales para aliviar los síntomas del COVID.

Elixires, jarabes y preparaciones para aliviar el dolor muscular, el dolor de cabeza y la fiebre, todo creado a base del conocimiento milenario, de la sabiduría transmitida por medio del canto y la palabra. Indira reflexiona sobre cómo el uso de las plantas y medicinas ancestrales coincide en las comunidades Amazónicas del Ecuador a pesar de ser de distintos territorios, lenguas y pueblos, lo cual denota una profunda e intrínseca sabiduría ancestral. Su labor como Promotora de Salud es precisamente una combinación de conocimiento ancestral y conocimiento occidental.

Tanto la medicina occidental como la medicina tradicional son buenas. Si se conectan las dos sería un gran paso. Sería ya una construcción intercultural: la verdadera interculturalidad en el conocimiento.

Indira Vargas
dirigente comunitaria del Pueblo Kichwa

Las luchas históricas de los pueblos indígenas y comunidades locales, visibilizadas a través de sus organizaciones representativas, mantienen viva la llama de los conocimientos tradicionales y su relación armónica con la naturaleza. La humanidad tiene mucho por aprender de estos conocimientos tradicionales ya que nuestro destino común está intrínsecamente vinculado al destino de los pueblos y comunidades indígenas, principales defensores de la biodiversidad, los bosques, el agua y la vida en el planeta.

Historias de Resiliencia es un proyecto de la Alianza Global de Comunidades Territoriales y TINTA (The Invisible Thread) para la documentación y visibilización de casos que muestran la adaptabilidad, fuerza y unidad de personas y comunidades frente al COVID-19 en los territorios de América Latina, Asia y África que conforman la Alianza.